jueves, 15 de septiembre de 2016

¿Debatimos quién es el triunfador de la Feria de Murcia?

Atención a la pregunta con que titulo este post: "¿Debatimos quién es el triunfador de la Feria de Murcia?"

Vaya por delante que me parece un absoluto error de bulto el hecho de querer medir la magia de una tarde de toros por número de orejas.

Y que detrás de ese error se cobija el jurado de la Feria de Murcia, no es nada nuevo, a la hora de determinar quién ha sido el triunfador de este ciclo.

¿Para qué hace falta un jurado si no pinta nada en el premio mayor, en el premio gordo de la feria?

Este año, ante el empate a tres orejas en el que han coincidido -por orden de antigüedad- los diestros Julián López "El Juli", Paco Ureña y Antonio Puerta, a alguien se le ha ocurrido no entregar el premio ex-aequo como sí se hizo no hace tantos años por ejemplo con el trofeo al novillero triunfador de esta misma feria, que en su edición 2012 y ante el empate numérico entre Conchi Ríos y Antonio Puerta se les reconoció a ambos a la par.

Ahora no. Ahora cambiamos las reglas del juego. Ahora toca votar. Pero votar con un cinturón que ata a los miembros del jurado a escoger sólo entre los tres que más orejas han conseguido por culpa de ese preciso empate a tres.

Triunfador, ya lo dice la R.A.E. es "el que triunfa", y triunfar para la misma fuente consiste en "quedar victorioso", "tener éxito". Como comprenderán, nada dice del número de orejas conseguidas en la feria de Murcia en ninguna de sus cinco acepciones. Es lógico.

Pero, aceptando a regañadientes lo del número de orejas y lo de las votaciones, habrá que prestar atención a que el trofeo se denomina "Triunfador" con el apellido "de la Feria". Y por eso hay que centrarse en lo sucedido en esta feria y no en otras, ni en el resto de la temporada, ni en la trayectoria de los toreros, ni siquiera en si llevan 18 años como matadores de toros o si están más verdes que una lechuga. Tampoco hay que dejarse llevar por paisanaje, ni por su cercanía, ni por si fuiste su apoderado y ya no lo seas.

No creo que tampoco convenga valorar con qué tipo de toro se consiguieron las orejas; ni si fue con la opción de tres toros en festejo en modalidad de mano a mano o con un lote de dos toros, ni si estos eran de tal o cual ganadería, ni siquiera si estaban mejor o peor presentados. Lo que había es lo que había y hay que aislarse de todos esos condicionantes.

Tuve un profesor en la Universidad, que solía decirnos en sus clases: - Señores, ¡abstraeros!

Y eso es precisamente lo que toca, abstraerse. Y pensar en cual de las actuaciones de matadores ha habido un mayor triunfo, quién ha quedado más victorioso o ha tenido más éxito -como indican las principales acepciones de la Real Academia de la Lengua Española-.

Hubo uno de los tres que estaba "muerto en combate" si no le corta las dos orejas al sexto. La oreja que había conseguido en su primero, a pesar de ser una oreja de calidad, no le servía. Y a ese sexto de Victoriano del Río se lo dejó crudo en el caballo a sabiendas que el toro estaba manseando, que tenía poder y que después sorprendió rompiendo a embestir con muchísima clase cuando su matador lo lució generosísimamente ofreciéndole los cites a más distancia de toda la feria, reuniéndose con las embestidas con una perfección difícil de igualar ante un toro con tanta movilidad y repetición, tal que parecía que estábamos presenciando la actuación de cualquiera de los dos figurones de época que no perdían ojo desde el callejón,... Se rozó el indulto, pero el toro se rajó ostensiblemente en la penúltima serie.

Todo le salió perfecto menos un fallo estrepitoso, y ahí es dónde le vamos a crucificar como si tuviera una experiencia dilatada -cuando era su séptima corrida del año y su décima como matador de alternativa-. No fue toreando, el fallo llegó por tardar unos segundos de más a la hora de refrescarse -como hacen todos los toreros, incluso las figuras- cuando cambió la espada de ayuda con la que había firmado tamaño faenón por el estoque de acero que enterraría en el hoyo de las agujas al primer intento.

Y hasta ahí puedo leer. Yo lo tengo claro, y preferiría la votación en público y a cara descubierta. Como les gusta decir a algunos: con luz y taquígrafos.

¿O acaso alguien tiene miedo de enseñar sus vergüenzas?

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