jueves, 14 de julio de 2016

Rafaelillo en Pamplona: Un maestro en novillero

Un atraco a mano armada -permítanme la expresión- el que ha cometido la persona a quien le han dicho hoy que se sentara en el palco de la presidencia de la plaza de toros de Pamplona.

El que hacía de "presi" hizo gala de no tener ni puñetera idea para subirse al palco. Creo que fue actitud más de un atrevido que de un injusto o mezquino, porque la verdad que el buen hombre no tenía ni idea de lo que era una corrida de Miura, ni de lo que significa Pamplona para los toreros.

Pero una cosa no quita la otra, y el señor-político-de-turno-que-se-sienta-en-el-palco-de-Pamplona cometió un error garrafal al dejar sin premio la actuación del murciano Rafael Rubio "Rafaelillo", que no se cortó en ofrecer sustanciosas declaraciones a David Casas durante la retransmisión de Canal Plus Toros, ni tampoco se escondió Rafael a la hora de hacer gestos ostensibles al finalizar la vuelta al ruedo, dirigiéndose directamente al presidente del festejo, para indicarle que hoy había birlado dos orejas: una al propio Rafaelillo y otra a su compañero Javier Castaño.

Al turrón. Rafaelillo tuvo un contexto de toros de Miura blandos. Además, el primero no ofrecía ninguna posibilidad en sus embestidas. El murciano estuvo digno.

El cuarto ofrecía un mínimo resquicio para el triunfo, pero era demasiado blando, se había trastabillado e varias ocasiones y además se había derrumbado tras un chocazo contra el burladero al cerrárselo después de banderillas.

Rafaelillo, el Maestro, ese que es capaz de hacer embestir y de meter en vereda a las fieras corrupias que acostumbra a lidiar, ese que en septiembre va a cumplir 20 años de alternativa aunque no le hayan permitido celebrarlo en la plaza de su ciudad natal, que además le vio doctorarse en aquella Feria de 1996, Rafael, el gran Rafael, tiró por la calle de la entrega.

La entrega de la eterna juventud que encierra el murciano en su cuerpecillo de corta estatura y -no se engañen por las apariencias- fortaleza de gladiador.

Le pintó muletazos de todos los colores: unos más de verdad, otros siquiera robados, otros andándole por la cara, otros de rodillas -para que no se diga que no estuvo en novillero-,...

Ver a un Maestro -no a un maestro cualquiera, a un MAESTRO con mayúsculas-, ponerle esas ganas al Miura con la sana intención de arrancarle una oreja de mérito, de ganas, de entrega,...

Pero el "presi" -que es nuevo el hombre- le robó. ¡Hay que ver siempre les toca perder a los mismos! ¡Con la cantidad de regalos que se hacen!

Dávila Miura se dio el gusto de matar la corrida de "casa" en el 50 aniversario de la ganadería lidiando en "sanfermines". Cortó una oreja de su primero, al que acertó a acariciar en varias fases de la faena. Y además lo mató perfecto. El cuarto no le permitió redondear. Le arrancó el chaleco en un momento de peligro. Le costó matarlo y tampoco pasó nada.

Javier Castaño estuvo digno ante el material blando y sin fondo que le tocó lidiar. Y dio una vuelta al ruedo, igual que Rafaelillo.

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