domingo, 19 de junio de 2016

Lo difícil y lo imposible

Era difícil que Rafaelillo, después de unos años en los que se tuvo que buscar la vida fuera de los ruedos para poder sobrevivir, fuera capaz de redirigir su carrera profesional y encauzarla con sobresaliente aunque fuera por el camino más duro del toreo. Hasta haber conseguido el reconocimiento de maestro del toreo en su circuito.

El secreto, o mejor dicho los secretos, un inteligencia y un oficio como sólo lo tienen los privilegiados. Por algo había alcanzado la cúspide en su época de novillero.

Era difícil que Paco Ureña, después de un largo hastío y después de tantos malos tragos, tuviera reservado un hueco en las ferias. Nadie le regaló nada, y aquella tarde agosteña en Las Ventas volvió a nacer para la profesión. Y después cada día ha seguido sumando y sumando, hasta llegar al punto de multiplicar y multiplicar.

Por algo, en su momento, había alcanzado puestos destacados en el escalafón de novilleros e incluso había ganado trofeos como el de las novilladas nocturnas de Digital Plus en Las Ventas o la mismísima Espiga de Oro de Calasparra.

Era difícil que Antonio Puerta, que se había quedado sin "amigos", ni apoderado, sin contratos y sin el beneplácito de la prensa, -sólo le quedaba su familia y Cándido, que le consiguió una última oportunidad para demostrar su valía aquella tarde de abril de 2014 en Tobarra. La aprovechó al máximo, siguió abriéndose "ventanitas" casi imposibles para seguir toreando, ¡qué casualidad, llegó a ganar también la Espiga de Oro! y lleva dos años y pico sin salir a pie de una plaza de toros. A sangre y fuego, o a hombros o por la puerta de la enfermería.

Le han pegado los toros con saña, y siempre su valor y su capacidad de superación le han permitido volver a la senda del triunfo. De ese triunfo, que como en La Condomina o en Abarán le han permitido seguir "vivito" y coleando para la profesión.

Todos esos casos, al igual que muchos otros, eran difíciles pero no eran imposibles.

Imposibles también los hay, y no pocos. Hasta entre los que les dan apoyo.

¿Estamos locos o qué?

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