lunes, 30 de mayo de 2016

Un fallo "chiquitillo", pensar que Simón Casas delega en Campillo

Leo con estupor al gran "jefe" de la crítica murciana que afirma a rajatabla en su espacio diario algo así como que Vicente Carlos Campillo hace las veces de apoderado de Finito de Córdoba "por delegación de Simón Casas".

Esto no hace más que confundir a su "gran" parroquia de feligreses, dejado entrever un par de cuestiones que no son baladí y que evidencian sus enormes limitaciones como aficionado.

A saber.

La primera. Hay que estar muy perdido a estas alturas de la película para desconocer que la relación profesional entre Finito de Córdoba y el empresario y apoderado Simón Casas finalizó al término de la temporada 2015. ¡Y estamos acabando mayo de 2016! ¡Hace más de seis meses!

Y la segunda. Hay que estar muy desinformado, o mejor dicho desinteresado en el devenir de la temporada y de los acontecimientos más importantes que depara la misma, para no haber caído en la cuenta de que el nombre de ese pedazo de torero que es el Fino no ha aparecido en los carteles de las ferias que organiza el productor francés: la de Pentecostés en Nimes, la de San Jorge en Zaragoza, la de Fallas en Valencia,... tampoco estará en la próxima de Hogueras de nuestra vecina Alicante,... Sólo con hilar se habría evitado el patinazo.

Todo el mundo sabe que el "Míster", Vicente Carlos Campillo, es íntimo amigo de Juan Serrano "Finito de Córdoba", torerazo por la gracia de Dios. Y que si el "Fino" le pide al "Míster" que haga las veces de apoderado, el "Míster" no le va a fallar: porque el "Míster" no sabe fallarle a nadie y menos a su amigo del alma.

Además hay que reconocer que el "Míster", en esa "nueva" faceta de apoderado que ahora se le atribuye, lo ha bordado. Lo demostró en una situación difícil en Córdoba, instantes después de que se tomara una decisión tan dolorosa como la suspensión de la corrida conmemorativa en la que el "Fino" iba a estoquear seis toros en solitario. La maldita lluvia -¿cuántos días llueve en Córdoba al año?- encharcó el ruedo y se cargó la efeméride.

El "Míster", con su temple natural, con su dicción precisa, y el gesto doliente por las circunstancias que impedían el sueño de su amigo (y el suyo propio), salió al "ruedo" mediático para bordarlo con una "faena" justa, de puerta grande.

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