lunes, 18 de abril de 2016

¿Para qué anunciar toros si se traen utreros al Festival del Cáncer de Murcia?

Habría sido mucho más sencillo anunciar inicialmente novillos en lugar de comprometerse en los carteles a lidiar 7 Toros, 7 para luego acabar lidiando seis utreros de Luis Algarra y un cinqueño de Fermín Bohórquez para rejones con motivo de la 22ª edición del Festival de la Asociación Española Contra el Cáncer de Murcia.

La plaza lucía un aspecto espléndido, con un casi lleno aparente, cuando se abrió el portón de cuadrillas y aparecieron un puñado de jóvenes con un pancarta cuyo lema era "EN MURCIA LOS TOROS SON ARTE, CULTURA Y SOLIDARIDAD".

Después del paseíllo se entregaron los obsequios de rigor a los actuantes, pero deberían incluir entre los galardonados al empresario Ángel Bernal, que echa toda la carne en el asador para que este evento sea un éxito y lo siga siendo después de 22 años desde su primera puesta en escena.

Sergio Galán cortó dos generosísimas orejas después de una faena fácil y, a secas, cumplidora.

A partir de ahí comenzó la suelta de los utreros que se habían anunciado como toros y cuya lidia se permitió sin mayor trascendencia ni eco, ni por parte de las autoridades ni mucho menos por parte del bendito respetable.

El primero, brocho, blando, y noble en extremo, permitió que Enrique Ponce dibujara el toreo con la capa. Luego, con la muleta, al toro le faltaba fuelle y sólo hubo detalles de la enorme plasticidad del valenciano a quien se premió con una oreja después de un mitin con la espada... con lo duro que se pone otras veces este mismo presidente.

Debilidades a un lado, a Manuel Díaz "El Cordobés" y a David Fandila "El Fandi" no tuvo más remedio que concederles las dos orejas y el rabo después de faenas ligeritas de peso.

"El Cordobés" entendió las alturas de su oponente, en una faena en la que combinó tres pases al "toro" y uno para el tendido.

"El Fandi" destacó en un bonito quite, rematado con una media de rodillas, pero sobre todo en el tercio de banderillas donde enloqueció a los tendidos.

La faena de la tarde llevó la firma de Alberto López Simón, ante un novillo blando al que sostuvo en pie y exprimió a lo largo y ancho de lo que se denomina una faena de figura del toreo.

Encajado, ligando con precisión, templado, con asiento y plomada en el toreo fundamental. Alegró con toques de variedad y clase, y quemó las naves en un final de fiesta de rodillas en la puerta de la enfermería. Mató de estoconazo, y el premio mayor no se hizo esperar.

Llegó la hora de la merienda y... ¡se nos paró el reloj! ¡Habría que reglamentar lo de poder dar avisos al presidente si se "pasa de faena" a la hora de la merienda!

Antonio Puerta hizo un esfuerzo grande para comparecer, porque no está todavía recuperado físicamente de la cornada de 25 centímetros que sufría hace hoy justo quince días en la plaza de Cieza.

Inició en el platillo de la plaza su faena brindada a Manuel Díaz, con vertiginosos pases cambiados por la espalda; para después aplacar las embestidas del codicioso novillo acortando paulatinamente terrenos hasta adentrarse en esa corta distancia que tanto le gusta. Allí dibujó circulares hasta que llegó la voltereta; y después de ella siguió con circulares.

Mató de media sueltecita en buen sitio que bastó, y después de los reiterados fallos del puntillero -que no consiguió levantarlo de echado-, cojitranco y dolorido aún paseó el doble trofeo.

Más gordo fue todavía el palizón que recibió el novillero calasparreño Filiberto Martínez. Se montó encima de su oponente, hasta el punto de que le echó mano por dos veces propinándole dos aparatosa volteretas. Falló con los aceros, hasta que cobro una buena estocada y le concedieron una oreja.

P.D.- Ilustra esta crónica el fragmento del cartel anunciador de este festival.

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