sábado, 9 de abril de 2016

¿Enfrentamientos de dimensiones desconocidas?

Cada día alucino más con algunas cosas que escriben los que hipotéticamente más deberían saber del lugar.

Lo último es una alusión a no se qué tipo de enfrentamientos de dimensiones desconocidas espera cuando a la puerta de una plaza de toros nos insulten los anti-taurinos.

Permítanme que llame al orden a quien pueda pensar que los aficionados a los toros seamos violentos ni incivilizados.

Resultaría repudiable que los aficionados a los toeos nos saliésemos de nuestra línea. Por mucho que nos puedan insultar, por mucho que nos quieran provocar, jamás debemos caer en esa trampa.

¿Exigir a las autoridades que las minúsculas y ruidosas (gracias al eco mediático del que disfrutan) se desarrollen a una distancia prudencial de las plazas de toros?  ¡Ahí debemos estar todos unidos!

¿Promover que si alguien se siente insultado, calumniado o injuriado interponga la oportuna denuncia? Ahí también hay que enseñar el camino y estar todos a una.

Pero de ahí a pensar que los aficionados a los toros pueden llegar a cometer tal error como para que se sieran enfrentamientis de dimensiones desconocidas es fruto del desconocimiento de la educación y corrección de la que el aficionado hace gala.

No nos confunda con acérrimos de un equipo de futbol -aunque los "Puerta-tifosi" haberlos haylos-.

Aquí no convocamos quedadas para ajustar cuentas, ni vamos armados, ni lanzamos bengalas.

Sólo somos portadores del olé que se arranca como un impulso de nuestras gargantas, o del claquear de palmas que batimos en reconocimiento de la labor de un torero o por la admiración que sentimos hacia la bravura de un toro por su capacidad de combate.

Es más, si el domingo pasado no se lió parda en la puerta de la plaza de Cieza ya no se lia en ningún sitio. Y mira que nos provocaban aquellos cuatro gatos con ganas de fiesta.

Así que, desde aquí le pido a los "calentadores" que no calienten, y a las autoridades que demuestren que saben cuidar de su ciudadanía. Esa misma a la que luego se refieren con tanta adoración en vísperas de elecciones.

Después, por desgracia, si te he visto, no me acuerdo.

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