domingo, 20 de marzo de 2016

Aquella maravillosa mañana de primavera de 1993

Recuerdo aquella mañana luminosa y fresquita en la que la nueva camada de alumnos del "Niño de Caravaca" íbamos a ponernos por primera vez en nuestras vidas delante de una becerra.

Viajamos hasta la finca oriolana de Basilio Mateo, al menos yo, con un cosquilleo muy especial en el estómago que tiempo después lo describiría muy gråficamente el maestro Ruiz Miguel como que "se te aflojan las membranas".

Una sensación parecida imagino que sentirían mis compañeros Antonio Núñez "Macanás", José María Requena, Enrique Portillo, Ricardo Zambudio "Niño de la Cruz",...

Aunque alguno de ellos sí había alguna experiencia previa fuera de la disciplina de la antigua escuela, para mí era la primera vez.

Elegí, o coincidió así, que llevara camisa y pantalón blanco como si fuera de blanco y plata a enfrentarme a todos mos miedos, a todas nis ilusiones...

El encuentro con aquella brava becerrita fue maravilloso para mí. Una explosión de sentimientos: la fuerza mágica que emanaba aquel manojillo de pelos negros y ojos brillantes como ascuas me enceló más si cabe en mis convicciones.

Hoy, la friolera de veintitrés años después, todavía no se me ha pasado la "fiebre"... y creo que ya no se me quita.

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