viernes, 16 de octubre de 2015

Rafaelillo corta en Zaragoza la oreja imposible

Para cortar la oreja imposible hay que estar dispuesto a morir en el intento.

Para cortar la oreja imposible hay que tener el toreo entre ceja y ceja, hay que estar un poco loco y muy (pero que muy) cuerdo.

En Zaragoza ha demostrado el maestro Rafaelillo que se le puede cortar un orejón de plaza de primera a un toro que no tenía un pase.

¡Ni uno!

Una vez tanteado por los dos pitones, le pudo en un macheteo a la antigua con el que la faena debería haber concluido. Eso habría sido lo lógico.

Pero el bravo murciano, con la costilla fracturada en el volteretón de su primero, tiró la moneda al aire y escarbó entre la mínima y aviesa arrancada del de Adolfo Martin hasta encontrar no oro, porque jamás rompió el toro, sino el respeto de todo el toreo que se le rindió definitivamente; aunque tuviera que volver a pagar el precio amargo de una paliza terrible y milagrosa.

Cortó una oreja de mucho peso, después de una estocada casi entera que también le habría servido en el primero para pasear trofeos después de robarle increibles y rotundos muletazos al "adolfo" más insípido de la temporada.

Pasó a la enfermería y le mandaron al hospital, saboreando el triunfo de haber paseado la oreja imposible.

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