sábado, 3 de octubre de 2015

Carta de Alfonso Avilés al Delegado del Gobierno sobre la autorización de la provocación antitaurina en Abarán

Excmo. Sr. Delegado del Gobierno:

Hace ya algunos días en los que no dejo de preguntarme cuántas serán las ocasiones en las que se ha solicitado por alguna persona o colectivo autorización para celebrar una concentración por cualquier motivo, y que se le haya denegado por las razones que pudieran resultar convenientes.

Es más, me gustaría, más concretamente, conocer cuántas de dichas resoluciones denegatorias pudieran estar basadas en el hecho de haberse presentado extemporáneamente la solicitud.

Y me hago estas preguntas, en primer lugar, porque aunque pudiera parecer lo contrario, el legislador no establece estos plazos de preaviso de forma caprichosa o porque los haya decidido al azar sino por razones poderosas que, salvo en supuestos en los que parece atenderse a otras motivaciones, aconsejan desautorizar la concentración, manifestación o lo que sea.

Así lo ha estimado, por si prefiere V.E. un ejemplo concreto, el TSJ Madrid, Sala de lo Contencioso-Administrativo, sec. 1ª, en su Sentencia de fecha 18-5-2015, nº 529/2015, rec. 1646/2014, de la que es ponente D. Fausto Garrido González, que ha establecido que «el incumplimiento de las condiciones que se establecen en el vigente art. 8 LOR sobre el plazo de la comunicación previa de la reunión en lugares de tránsito público puede dar lugar a su prohibición por impedir a la Administración realizar la necesaria ponderación que el propio art. 21 CE le encomienda.

En suma podríamos afirmar que no puede ver vulnerado un derecho quien no lo ejerce conforme a los requisitos que la norma establece pero la cuestión es sí tal aseveración se puede predicar en todos y cada uno de los supuestos de concentración».

Esa Delegación del Gobierno, sin embargo, autoriza una concentración que se va a celebrar en la tarde del día en que escribo estas líneas – razón por la que, obviamente, no tienen más efecto que la de un mero desahogo y dar a conocer a la opinión pública lo que hay -, a pesar de que en dicha resolución se menciona expresamente que «la comunicación presentada no se ajusta a las normas legales que establecen, entre otros requisitos, que la comunicación previa a la Autoridad Gubernativa se efectuará por escrito con una antelación mínima de 10 días naturales».

Pero en el caso que ahora nos ocupa, esa circunstancia es irrelevante porque el objeto de esa concentración no es otro que el de “MANIFESTAR LA PROTESTA POR LA CELEBRACIÓN DE UN FESTEJO DE MALTRATO ANIMAL CON NOVILLOS QUE SERÁN MATADOS POR LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA TAURINA DE MURCIA…” y, claro, ese sí que es un tema que está de moda y contra el que no se puede oponer obstáculo alguno sin riesgo de ser tachados de poco modernos.

¿Qué más da que el hecho de que ellos hayan presentado su solicitud fuera de plazo y, consiguientemente, decretada la autorización un par de días antes de que se celebre el festejo, nos prive de posibilidad alguna de recurrirla? Eso es irrelevante.

Los Derechos están pensados para ellos, no para los alumnos de la Escuela Taurina, no para sus familias, no para los aficionados a la Tauromaquia. El único “derecho” que estos tienen es soportar, una vez más, los insultos, increpaciones e, incluso, en alguna ocasión, algún intento de agresión de los pacíficos antitaurinos (sí, esos mismos que escriben en las paredes de las plazas de toros esos mensajes tan pacifistas y cargados de buena voluntad como “torero muerto=antitaurino contento”. ¡Cuanta bondad encierran esas palabras!).

Termino ya, Excmo Sr. Delegado del Gobierno. En la autorización de la concentración, tras reconocer que habían presentado la solicitud fuera de plazo y concederla sin ese tiempo necesario de ponderación al que hace referencia la resolución del TSJ de Madrid, menciona esas «más que probables coacciones a personas que libremente desean asistir a un espectáculo público».

Se trata de coacciones – además de los insultos, amenazas y demás comportamientos habituales realizados por quienes tiene un comportamiento tan pacifista – que quizá algún día los destinatarios se cansen de recibir porque, aunque a V.E. no se lo parezca, ellos también tienen derechos.

Y decía mi abuela que «quien evita la ocasión, evita el peligro». Está claro que V.E. no ha evitado la ocasión. Ahora veremos qué ocurre y, en su caso, a quien hay que hacer las reclamaciones si se produce algún incidente. Un saludo.

Fdo.- Alfonso Avilés Sánchez,  Presidente del Club Taurino de Murcia.

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