lunes, 6 de abril de 2015

Espartaco, por la Puerta del Príncipe con Liria entre sus costaleros

Respeto y alegría por y para Espartaco. (Foto: Twitter @v_puerto)
Tarde para los anales de La Maestranza y para la Historia de una Figura de Epoca como Juan Antonio Ruiz "Espartaco", que se ha despedido del toreo en triunfo y loor de torerazos.

Ha sido en el marco de la corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla, con lleno de "no hay billetes", frente a un bien presentado encierro de Juan Pedro Domecq, donde el de Espartinas (Sevilla) ha logrado una oreja en cada toro, pero pudieron ser más si no pincha una vez al primero y si no hubiera utilizado el verduguillo en su segundo.

La tarde fue de Espartaco, aunque Manzanares regresó a Sevilla y estuvo bien con un toro; y Borja Jiménez se doctoró y paseó una oreja del sexto.

Espartaco, el maestro, asumió la responsabilidad de actuar de manera especial en esta emblemática fecha para la temporada maestrante. Tras su soberbia actuación cumplió su palabra y se cortó la coleta (lo hicieron su padre y su hijo) para acto seguido ser izado por una marabunta de toreros, entre los que se encontraba el murciano Pepín Liria.

Gesto cariñoso entre los maestros Liria y Espartaco.
Todos hicieron de costaleros de honor, Padilla, El Tato, Javier Conde, Victor Puerto, José Luis Moreno, Esaú Fernández, el propio Liria, el rejoneador Fermín Bohórquez, sus fieles banderilleros Guillermo Gutiérrez "El Ecijano" y Rafael Sobrino,...parecían un ciento...

Y le enfilaron para la ansiada Puerta del Príncipe para cumplir el sueño por sexta vez ¡Qué más da que faltara una oreja para cumplir lo reglamentario! ¡El arte y las emociones no se pueden legislar!

Las redes sociales echan humo con el magno acontecimiento. Una de las imágenes, la rescatada por el espada Victor Puerto en su perfil de Twitter (@v_puerto), es la que ilustra este post que homenajea la trayectoria de un torero capaz de estar bien todas las tardes con todos los toros.

Hoy se ha visto en Sevilla, donde además no le han tocado la muleta ni una sola vez: la virtud del temple.

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