sábado, 10 de enero de 2015

Ricote, entre lo que el viento se llevó

La portátil de Ricote, venida al suelo.
Foto: www.tendidodesol.com
Tenemos ganas de toros. Y muchas. Este 2014 pasado despidió muy temprano la temporada taurina en la Región de Murcia. Más pronto que hacía tiempo.

Otros años los meses de noviembre y diciembre nos reservaban la sorpresa del renacimiento anual de dos toreros -muy buenos toreros por cierto- como son Pepe Moreno y José María Requena, que con su evento primero en El Jimenado y luego en Los Felices, rememoraban añoranzas del pasado y reverdecían laureles.

Tampoco se ha celebrado en 2014 el Certamen Manuel Cascales. El accidente de tráfico que sufría Manolo justo cuando se dirigía a la finca a gestar la undécima edición, la ha retrasado forzosamente hasta que se encuentre más recuperado. Fue precisamente él quien organizó una corrida memorable en Ricote, con Alfonso Romero y Paco Ureña en el cartel.

Por unas u otras razones, es cierto que este nuevo año aún se echa más en falta el festejo de Ricote (Murcia) que por sus fiestas en honor a San Sebastián daba el pistoletazo oficial a la temporada en el continente europeo. Muchas veces consecutivas, cerca de veinte, abría cartel el murciano Antonio Mondejar. Todo un clásico.

Pero, de un tiempo a esta parte, entre la crisis y lo que no es la crisis lo cierto es que parece haberse perdido un festejo tan tradicional y necesario -en cuanto a aplacar las ansias del primer festejo del año tras los polvorones-.

Se anunciaron varias corridas, que fueron suspendidas reiteradamente, año tras año, porque el viento desarbolaba parte de la estructura de la plaza portátil.

¿Fueron aquellos vientos los que nos robaron el festejo de Ricote? ¿O fue la falta de imaginación y -por añadidura- la falta de respuesta de público lo que borró del mapa este acontecimiento?

Ojalá pronto alguien ponga remedio y rescate la Fiesta de Toros en Ricote. Pero por favor con argumentos para ir consolidándola y que, por favor, jamás se vuelva a perder. Porque hay alguno que por donde pisa ya no crece la hierba (jamás).

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