martes, 27 de enero de 2015

La desagradable espera de los "Leandros" murcianos

Manolo Guillén junto a Leandro Marcos.
(Foto: Archivo del autor)
El espada vallisoletano Leandro Marcos ha decidido retirarse prematuramente de los ruedos. A sus 33 años y tras 12 de alternativa, las circunstancias han podido con sus ansias toreras y ha comunicado oficialmente su adiós a los ruedos. Sin corte de coleta, sin festejo de despedida, sin una triste lagrima en público.

Ahora saldremos todos dándonos golpes en el pecho, lamentando lo buen torero que ha sido y el injusto trato que ha recibido de las empresas. Mientras el "sistema" le ha cortado la cabeza por la yugular. Así como suena.

Todos los matadores (y novilleros) sueñan con ir a Madrid a resolver sus carreras. La plaza de Las Ventas es la única que hipotéticamente puede servirles de trampolín a una mejor posición en el escalafón. Pero es que Leandro, Leandro Marcos, ha tocado pelo en esa llamada primera plaza del mundo en los veranos de 2013 y 2014, ha desempolvado su toreo de enorme calidad y sello propio, y no le ha servido nada más que para su satisfacción personal.

En Murcia tenemos varios toreros esperando eternamente una oportunidad en Las Ventas. Una oportunidad que nunca llega. Son Antonio José López "El Rubio", de Caravaca de la Cruz, y Juan Belda, de Fortuna.

El primero, consiguió una plaza como Policia Local en Cehegín, pero sigue entrenando a diario por si algún día le llega la buena noticia de poder confirmar alternativa en Madrid.

El segundo, harto de esperar, hizo la gesta de caminar desde su pueblo hasta Las Ventas para ver si así le escuchaba la empresa, pero ese no es mérito suficiente para lograr un hueco en los carteles.

Los años pasan, las ocasiones escasean, tienen todo mi respeto como hombres y como profesionales del "toro", pero, aunque sea muy desagradable lo que voy a decir, viendo el ejemplo de Leandro ¿sigue valiendo la pena su esfuerzo y su sacrificio?

Claro, que también tienen otro caso (muy cercano geográficamente) de un torero como el lorquino Paco Ureña, que en el último aliento, la tarde de su tardía confirmación de alternativa, logró darle la vuelta a la tortilla para encaramarse a las ferias e incluso para entrar por derecho propio en algunos carteles con figuras.

Ruego por la suerte de estos toreros que entregan a diario su tiempo, su vida, luchando por lo que creen de justicia. Pero por lo que más hay que rogar es porque cambie el sistema, y al triunfador se le promocione y se le repita. Y el que no de la talla que se marche para su casa. No podemos permitirnos el lujo de desperdiciar más "Leandros".

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