domingo, 20 de octubre de 2013

Toreo del bueno y "tapitas" en el ALMUERZO CAMPERO ANET

Rafaelillo, en un natural para ANET. (Foto: Manolo Guillén)
La coqueta plaza cuadrada que Antonio Soler tiene en Villanueva del Río Segura (Murcia) lucía un aspecto imponente. El palco, el graderío, incluso "el fondo Sur" estaban repletos de público. Lleno hasta la bandera.

Se lidiaban dos utreros de Sancho Dávila y un eral de Nazario Ibáñez a beneficio de ANET, a los que les cortaron los tres rabos en un alarde que probablemente se hubiera producido de igual manera aunque la mañana hubiera tenido poco contenido.

Pero lo tuvo. Vaya que si lo tuvo.

El plato fuerte se sirvió en primer lugar. Tuvo como protagonista principal a un Rafael Rubio "Rafaelillo" que anduvo hecho un auténtico torerazo. Crecido y seguro, el murciano se pasó las asperezas del de Sáncho Dávila por el mismísimo arco del triunfo, en una faena exigente, para profesionales y que también tuvo mucha repercusión en los tendidos.

Lo cuajó con la capa, de salida, con el inconveniente de ser una plaza con un ruedo tan reducido, ganándole pasos de uno en uno, como si torease de salón.

El torete no era el tonto de la pandereta, y Rafael le apretó las tuercas hasta hacerlo pasar a trote caminador, exprimido totalmente, mientras que le dibujaba naturales y derechazos.

Rotundidad, embroque, ajuste, mano baja, mando, temple, precisión,... En tres palabras: Rafaelillo estuvo ¡e-nor-me!

Un pinchazo arriba precedió una estocada hasta los gavilanes en todo lo alto, que precisó de un par de golpes de verduguillo.

Pablo Belando desempolvó el toreo de alta sensibilidad que lleva dentro. Lo hizo ante un novillo blando, que se dejó mucho, y al que consiguió robarle algunos "lambreazos" para el recuerdo. Algunos de ellos preñados de gran sutileza en los toques, muchas veces imperceptibles, con los que lograba traérselo muy toreado incluso antes de llegar a su jurisdicción.

¡Mañana para paladear el toreo!

Y en los postres el jovencísimo José Nicolás ha deleitado al personal ante un eral de Nazario Ibáñez, precioso de hechuras, aunque lleno de bultos, que resultó nobilísimo.

Ante él mostró los avances que paulatinamente está consiguiendo, al tiempo que el mismo gusto de siempre. Siendo un torero que gana mucho en lo vertical, pretende hacer el toreo largo y de mano baja. Cuando le puso un puntito de ritmo, volvió loco al personal.

Lo dicho, una mañana de almuerzo campero, con toreo del bueno y "tapitas" para pasar el invierno.

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